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“Visita a siete lugares de naturaleza sagrada”, El Asombrario, Rafa Ruiz.

El nuevo proyecto del fotógrafo argentino Fernando Maselli retrata paisajes con tal carga telúrica que se han convertido en santuarios desde hace siglos e incluso milenios. Desde Garajonay, en La Gomera, a Cap de Creus, en Girona. Proponemos un viaje a siete símbolos del respeto que hemos de sentir por la naturaleza.

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El fotógrafo Fernando Maselli (Buenos Aires, 1978; residente en Madrid desde hace diez años) cree que el primitivo ser humano, en los primeros pasos de la evolución de nuestra especie, desarrolló el sentimiento religioso a partir de la contemplación de la naturaleza, de la admiración y comunión con ella. Especialmente, observando paisajes con una fuerte carga telúrica; paisajes que se convirtieron en sagrados hace siglos o milenios, y que hemos de mirarlos como símbolos del respeto que nos ha de infundir la naturaleza. Bosques, montañas, valles, ríos, costas, volcanes… que son como dioses; y que transmiten una fuerza tan natural que se convierte en sobrenatural, amasada durante la lenta y sabia evolución del planeta. Sirvan estos ejemplos, sobre los que Maselli sigue investigando y a los que va sumando nuevos parajes, para pedir respeto antes de acometer aventuras insensatas de poco reflexionadas, desde urbanizaciones a campos de golf, talas indiscriminadas, infraestructuras despilfarradoras y, últimamente, el ‘fracking’, esa peligrosa técnica que dará mucho que hablar para extraer gas natural de bolsas subterráneas mediante la inyección de agua a presión con compuestos químicos, y sobre la que los especuladores ya han puesto su mirilla para terror de nuestros hábitats y de organizaciones como Equo. Una nueva burbuja de derroche e impacto bajo promesas una vez más sin demostrar. No aprendemos.

 

Maselli, que se declara influido por la obra de grandes como Axel Hütte y Jem Southam en su manera de enfocar el paisaje, se ha acercado a la fotografía también con respeto, con el respeto de los antiguos oficios: tras estudiar Bellas Artes, fue aprendiendo técnicas y conocimientos que le permitieran desarrollar su propio punto de vista trabajando como ayudante de diversos fotógrafos en España. Así, paso a paso, hasta construir su propio lenguaje y su propio universo, como el de los paisajes irreales que parecen reales, o como el de un Madrid más allá del turismo, los tópicos y el casticismo, dándole la vuelta a la ciudad a partir de los trabajos que realizó para la revista ‘Madriz’, cuando esta se distribuía en papel, y que a menudo se convirtieron en portadas.

 

“Una piedra sagrada sigue siendo una piedra, nada la distingue de las demás piedras, pero para quienes aquella piedra se revela como sagrada, su realidad inmediata se transmuta, por el contrario, en realidad sobrenatural”.

Maselli, que tiene previsto exponer en otoño en las galerías madrileñas Mondo y Mad is Mad, explica bien lo que trata de trasladarnos con su serie de lugares naturales sagrados, desde Garajonay y el Teide en Canarias, a las Hoces del Duratón, en Castilla, y Cap de Creus, en Cataluña, a la que denomina ‘Hierofanía’ (‘El Asombrario & Co. ha realizado una selección de siete paradas en esta inquietante ruta): “El término hierofanía fue acuñado por el filósofo rumano Mircea Eliade en su obra ‘Tratado de Historia de las Religiones’ para referirse a una toma de consciencia de la existencia de lo sagrado cuando este se manifiesta a través de diversos objetos de nuestro cosmos habitual: una montaña, un bosque, un río, etc… Se trata siempre del mismo acto misterioso: la manifestación de algo completamente diferente, de una realidad que no pertenece a nuestro mundo, en objetos que forman parte integrante de nuestro mundo habitual. Toda Hierofanía entraña cierta paradoja; un objeto cualquiera se convierte en otra cosa sin dejar de ser él mismo. Una piedra sagrada sigue siendo una piedra, nada la distingue de las demás piedras, pero para quienes aquella piedra se revela como sagrada, su realidad inmediata se transmuta, por el contrario, en realidad sobrenatural. En otros términos: para aquellos que tienen una experiencia religiosa, la naturaleza en su totalidad es susceptible de revelarse como sacralidad cósmica”. Y continúa: “Mi intención con este proyecto fotográfico es analizar, desde una perspectiva racional y empírica, estos parajes naturales que fueron considerados sagrados por diferentes culturas. El concepto de Hierofanía me ha permitido acercarme a estos sitios en calidad de investigador, para tratar de desentrañar el papel que ha jugado el paisaje en nuestra concepción de la religión. También es interesante comprobar el sincretismo que hubo en muchos de estos sitios a lo largo de la historia, desde cultos prehistóricos (pinturas rupestres en cuevas) a las nuevas corrientes New Age… Hay sitios que se han configurado como santuarios desde hace más de 5.000 años”.

 

Y termina: “Este proyecto lo he hecho cargado de dudas, ¿realmente hay “algo” en estos sitios?… Si lo hay…, ¿puede la naturaleza impregnarse de ese “algo”, como afirman muchas corrientes? Pero la pregunta que me parece más importante es: ¿La naturaleza ha inspirado en el hombre un sentimiento religioso? Me gustaría trasladar al espectador todas estas cuestiones”. El resultado: una colección de paisajes retratados con la objetividad del documentalista -ojo, no del mentalista-, pero que emanan trascendencia en su intangible poder de atracción, de tierra haciéndose Tierra.

 

Pablo Alemán, director del proyecto artístico La Fundación, lo ha planteado de forma parecida: “Aunque a priori Maselli no toma partido, a mi juicio tampoco elude la difícil tarea de explorar la posibilidad de esa otra dimensión, retratando lo inconmensurable, lo invisible, no con la actitud fundamentalista de un creyente o un parapsicólogo, sino con el deseo de compartir con el espectador la emoción que, como en el arte, hay en el hecho de “interrumpir” la manera habitual de ver las cosas para verlas de un modo nuevo”.

 

Y añadimos nosotros que, como en la película “La Vida de Pi”, más allá de que el espectador quiera ver un dios o no, la naturaleza ya es de por sí suficiente diosa, que exige un respeto, y eso a menudo, sobre todo en países como España, nos cuesta entenderlo… Y nos convertimos así en suicidas agnósticos de los ritmos del planeta.

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