Exposición Proyecto Madriz

Sala Libertad 22, Madrid, 2012

Texto crítico, Elvira Rilova

 

No sé bien

que ciudad era aquella

en la que la luz tenía la apariencia de una flor

abrasada

Persistencia del olvido, Felipe Benítez Reyes

 

Imágenes que esparcen preguntas, poemas visuales que esconden una crónica, instantáneas en verso que recorren calles, plazas, bares, balcones, edificios. Madriz es un  es un recorrido por el Madrid de hoy, pero atravesado por los espectros de su pasado, una invitación a mirar la ciudad, a redescubrirla tal vez, desde sus contrastes hondos, sus estímulos casi permanentes y sus paradojas. Estas series nacieron en principio como encargo de la revista Madriz para ilustrar sus portadas entre los años 2009 y 2012, pero más tarde el artista las fue completando y ampliando para diferentes exhibiciones.

Lo primero que impresiona en todas las series que componen Madriz es su luz, sus cielos, su color palpitante aún en las imágenes en blanco y negro o las de cielos otoñales. La energía y la viveza de esta gran ciudad son un complemento que el fotógrafo utiliza como pretexto para fundirse en esa luminosidad tan característica que va pintando sus calles, sus semáforos, sus días y sus horas. Este sol sin retoques tan madrileño, que obligó al artista a captar las imágenes en diferentes horarios y durante varios días, esta luz,  aúna la distancia entre el cielo y la tierra, la distancia entre la luz y los seres humanos, y las misteriosas idas y vueltas que se crean entre ellos.

Las imágenes se han tratado digitalmente a partir de los encuadres originales, limpios y cuidados en simetría y composición, contenedores de esa pureza de líneas, que ensalzan la particularidad de cada espacio con algún ingrediente característico. Se ha intentado aprovechar todo el potencial de cada lugar capturado para evocar  produciendo un curioso contrapunto entre las fotografías más minimalistas (Monumentos, Vistas Aéreas)  que se integran muy bien con las imágenes más elaboradas que recuerdan escenas y ruidos de ciudad, como Plaza Mayor, Espacios Planificados o15M. El resultado en todos los casos es una concepción ordenada e idealizada de algo que ya existe, una visión personal que el fotógrafo ha ido almacenando como un poso hasta conformar una enciclopedia gráfica particular. Al mirar por el visor de la cámara, estas imágenes latentes son su referencia y gracias el retoque digital logra recuperar la forma perfecta, el encuentro con la geometría de las formas y la ciudad imaginada absoluta.

Todas las series guardan una afinidad con el lugar donde se tomó la instantánea, y sus denominadores comunes son  la luz, el tiempo y el espacio; se interrelacionan entre sí en diferentes ritmos con gran integridad.  Las temáticas, a pesar de ser muy diferenciadas, contienen un sutil hilo narrativo. Salvo Vistas Aéreas (que hacen referencia a un Madrid no urbano, rural y real a escasos kilómetros de la capital) y Naturalezas Muertas, que pone el acento sobre un paisaje interior, casero y cotidiano,  el resto de las series es puramente urbana: Naves industriales como clave del tiempo, paisajes urbanos que son referentes en el imaginario colectivo como Plaza Mayor, o la serie Andamios,  manipulaciones visuales que afloran en clave pictórica y continuas referencias a acontecimientos históricos que han marcado el Madrid de los últimos años y la vida de sus habitantes, como las protestas ciudadanas o el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Uno de los puntos en común de las series que componen Madriz, es sin duda,  revelar la amplitud de la dimensión humana en el contexto urbano. Para ello el fotógrafo utiliza varios recursos como el uso de personas anónimas a las que retrata en una ciudad que es el escenario de su historia con una dimensión casi narrativa. En otras ocasiones la figura humana ni siquiera aparece,  dejando intuir la predilección del fotógrafo  por escoger aquellos momentos en que la presencia  directa se desvanece o desaparece por un momento (como en Andamios, donde se intuye que los obreros regresarán en cualquier momento del almuerzo, o en 15M donde las lonas son una bella metáfora de los miles de almas que bajo ellas protestaban)  o la inclinación por buscar lugares  que dejaron de ser que  por sus características están ocultos o son casi marginales, tal y como podemos apreciar en la serie Polígonos Industriales. En cambio, otras series,  la presencia humana directamente se sale de escena. Esos vacíos están llenos de información y de atractivos que bien pueden,  entre otros aspectos, decir y explicar muchas cosas sin necesidad de una presencia  humana directa y evidente. Mención aparte merece la serie Naturalezas Muertas donde el fotógrafo hace su particular homenaje a los bodegones españoles del XVII y XVIII desde imágenes cotidianas y habituales que representan escuetamente los ingredientes que componen recetas como el cocido madrileño o las gambas al ajillo. De esta manera se apela a la memoria gustativa del espectador, trasportándole a otro Madrid, el de los bares y restaurantes, el de los hogares y las familias, que inevitablemente, también forman parte de un paisaje urbano, este íntimo y plagado de recuerdos y asociaciones.

El fotógrafo consigue plasmar en esta particular combinación de imágenes urbanas todos sus impulsos personales, su bagaje vital y su visión foránea y al mismo tiempo perfectamente integrada, dejando así una huella que le define como artista y como persona.  La ciudad es el espacio en el que te haces consciente de tu propia condición efímera, temporal, de producto con tiempo de caducidad y así lo capta Fernando Maselli con su cámara: Madrid como el lugar en el que uno nace y muere infinitas veces.