Polígonos Industriales<<< Volver

# 5 / 2009 / Inyección de tinta / 81,5x92,5 cm / Ed. 5

# 7 / 2009 / Inyección de tinta / 81,5x92,5 cm / Ed. 5

# 6 / 2009 / Inyección de tinta / 81,5x92,5 cm / Ed. 5

# 4 / 2009 / Inyección de tinta / 81,5x92,5 cm / Ed. 5

# 2 / 2009 / Inyección de tinta / 81,5x92,5 cm / Ed. 5

# 8 / 2009 / Inyección de tinta / 81,5x92,5 cm / Ed. 5

# 1 / 2009 / Inyección de tinta / 81,5x92,5 cm / Ed. 5

# 11 / 2009 / Inyección de tinta / 81,5x92,5 cm / Ed. 5

# 10 / 2009 / Inyección de tinta / 81,5x92,5 cm / Ed. 5

# 9 / 2009 / Inyección de tinta / 81,5x92,5 cm / Ed. 5

# 3 / 2009 / Inyección de tinta / 81,5x92,5 cm / Ed. 5

Cuando pensamos en una ciudad, raramente tenemos en consideración sus áreas industriales. Si, como suele decirse de forma poética, las ciudades son organismos vivos, también deben disponer de sus órganos internos, espacios dedicados a proveer de todo tipo de suministros a la ciudad imaginada. Los polígonos industriales son una de ésas realidades madrileñas usualmente ignoradas, tanto por el arte como por el periodismo. La voluntad de esta serie es mostrar este otro paisaje que, a pesar de encontrarse por norma general en el extrarradio, es indisociable de la vida de una ciudad.
El desafío de esta serie consistía en retratar el paisaje industrial despojándolo del componente humano, el elemento que le da sentido, y hacerlo a través de un tono homogéneo pese a la variedad de localizaciones. La arquitectura de los polígonos es en todos los casos puramente funcional, carente de ningún atributo estético superfluo. Al eliminar a las personas, al captar los edificios, naves, fábricas y almacenes sin el trabajo que en ella se lleva a cabo y la dota de sentido, éstos se muestran como objetos de una extraña y desolada belleza. Forman también parte de Madrid, sólo que nunca antes los habíamos visto y, en caso de haberlo hecho, nunca lo hicimos de esta manera.