Exposición Madriz

Elvira Rilova.

 

 

Son la quietud incómoda

de una fotografía,

el extraño desván de plazas y talleres,

la linterna agotada que descubre

jóvenes milenarios, recuerdos inexpertos,

latas vacías y pintura seca.

 

Las Elegías de Juan Vida – Las Ciudades I

Luis García Montero

Fernando Maselli es un fotógrafo efectivo, que con poquísima materia es capaz de ordenar y cuestionar grandes espacios, objetos inanimados o paisajes urbanos, que son las constantes de esta exposición: Andamios, Polígonos Industriales, Plaza Mayor, Vistas Aéreas, Espacios Planificados, Naturalezas Muertas, y Monumentos, son las series que la componen.

En toda su fotografía se subraya el efecto pictórico gracias a las variantes de color que son resaltadas respectivamente mediante juegos de luces y sombras; y, de otra parte, utiliza y ordena un elemento como valor arquitectónico: el espacio fluyente, o vacío que recorre y sensibiliza con medida los intervalos que quedan libres entre la materia. Todas las series tienen un denominador común, Madrid, como eje urbano (y rural). Una ciudad a la que Maselli reverencia e interpreta a través de los procedimientos críticos a la que el autor la somete, cuestionándola como obra de arte autónoma, enriqueciéndola a pesar del panorama agrisado de la situación actual y dimensionándola sobre las posibilidades de su función social en formatos de plazas, monumentos, edificios y esculturas públicas, en los que a veces interviene el elemento humano, pero sin restar protagonismo a los elementos arquitectónicos.

Sus Paisajes Aéreos se muestran desnudos y sin artificios, dejando al espectador la capacidad de decidir la naturaleza de los mismos, creando lugares donde la tierra se ha despojado por completo de cualquier prenda accesoria y donde apenas si se reconocen edificios o referencias reales, sin que por ello deje de ser el campo de Madrid.
Con esa expresividad, recuerda a territorios de erosión y hierro, a campos de lavas, donde los paisajes vibran y celebran los ecos de las cenizas de los bosques calcinados, un campo de líquenes y sembrados, que fueron deconstruidos y construidos de nuevo a partir de un collage de fotografías.

Las series dedicadas a las arquitecturas; Polígonos Industriales, Plaza Mayor y Espacios Planificados incorporan en cambio, un elemento silencioso, tan ajeno a nuestro Madrid, tan frenético, que se escucha más que un grito. Todos los detalles, todos los elementos, están valorados tal y como se manifiestan en la realidad, todos están resaltados con la misma precisión, hasta el elemento humano, que en ocasiones introduce real o digitalmente, incorporándolo naturalmente como un integrante más. Maselli nos proporciona una idea de lo que podríamos llegar a ver si hiciéramos una observación muy minuciosa del paisaje urbano. La suya no es una visión paisajística que establece una jerarquía visual en el sentido tradicional, sino que se trata de un fiel retrato, hecho con una precisión sorprendente, que supera la capacidad de captación del ojo humano.

En estas fotografías se juega con las luces y las sombras y aunque la paleta de colores tiende hacia el gris, la pureza de los blancos resplandece siendo esta luz, fría pero potente, una luz madrileña e invernal, la principal protagonista de la fotografía.

En la serie Monumentos en cambio, se descontextualizan conocidas esculturas situadas en concurridísimas plazas madrileñas, restallándo así con la pujanza de su exacerbada individualidad. Cuando el espectador se encuentra con estas estatuas la primera sensación que siente es de sorpresa por su singularidad. El despliegue de esa singularidad se apoya en dos causas: la primera radica en la preservación que hace del concepto de escultura como arte del volumen o espacio tridimensional y la segunda es su recurso a una iconografía clasicista que recuerda a las estatuas de los museos, chocando con los códigos de imágenes actuales.

El resultado es que presentando las estatuas de manera distanciada del espectador, la obra cumple así la transición jerárquica entre el plano común del contemplador y el universo superior de la fotografía.
Siguiendo la estela de las arquitecturas urbanas, la serie Andamios ofrece una visión arriesgada sobre el fenómeno de la construcción indiscriminada que hemos vivido en Madrid en los últimos años. Las estructuras que tapizan los edificios adquieren personalidad propia, convirtiéndose en ricas telas que caen graciosamente sobre los hierros que a su vez se transforman en columnas que sustentan tectónicamente el teatral telón, donde esporádicos obreros aparecen como los actores secundarios de la obra.

Las Naturalezas Muertas de Maselli, tan cotidianas, son un reflejo de imágenes fugaces de lo consuetudinario (publicitarias y mediáticas) que asumen su condición de efímeras ( y que nos remiten al cine, la televisión, el vídeo, Internet), contraponiendo a esas imágenes con una iconografía acuñada por el paso de los siglos. Unas obras realizadas con afán de perennidad, que homenajean a los bodegones del XVII y XVIII.

Esta exposición, es un ejemplo de singularidad iconográfica -que no rehuye la crítica velada-, y que es una continua referencia a Madrid o, mejor dicho, al concepto que cada uno tenemos de la ciudad, para que a través de la fotografía podamos cuestionarlo, ya que sitúa al espectador ante realidades que no son terrenales a pesar de parecerlo. Fernando Maselli representa la visión poética de una ciudad que respira, donde cada fotografía es una conquista, porque siempre se ve más de lo que se mira.