Exposición “Infinito Artificial” Museo Universidad de Navarra

Ignacio Miguéliz Valcarlos

 

 

El primer acercamiento al arte del fotógrafo Fernando Maselli (Buenos Aires, 1978), no se produjo a través de la fotografía, sino del dibujo y de la pintura. En su adolescencia comenzó a realizar desnudos al carboncillo, basándose en fotografías comerciales, estudios que luego exponía de manera provisional en casa de su abuela, con quien vivía. De esta primera experiencia con el dibujo al carboncillo deriva la utilización de técnicas pigmentarias sobre papel hahnemühle para la impresión de sus imágenes; esta elección no se debe a una intención de equiparar su obra fotográfica con la pintura, sino a que esa textura le recuerda a los dibujos de su adolescencia. En cualquier caso, puede decirse que su aproximación a la fotografía, y muchas de sus influencias, vienen de la pintura; no porque Maselli tenga una intención pictorialista, sino por su forma de trabajar. Así, al igual que el pintor sale al exterior y hace bocetos con los que luego crea el paisaje en su taller, también él toma fotografías fuera y luego, en su estudio, compone el paisaje final mediante la yuxtaposición de diferentes imágenes. Maselli practica la fotografía en su doble vertiente, la comercial y la artística. Sus trabajos en la primera le permiten abordar la investigación y la experimentación en la segunda.

En su obra, centrada en la fotografía de paisaje, vemos continuas referencias a la pintura, a la literatura, a la filosofía y a la estética. Maselli busca espacios naturales vírgenes, que no hayan sido hollados por el hombre, lo que le lleva a realizar largas travesías por la naturaleza, que en ocasiones duran días, hasta encontrar el paisaje buscado. Lugares en los que se vislumbra su interés por conceptos estéticos como los de lo bello y lo sublime, en ocasiones referidos a ideas universales como la percepción de lo divino y del hecho religioso. Así, en su serie Hierofanías aborda la relación del ser humano con la naturaleza virgen, y cómo gracias a esta se explican conceptos vitales para el hombre, como el de la espiritualidad. Maselli fotografía espacios naturales “sagrados” de la Península Ibérica. Para ello viajó numerosas veces a los Pirineos y a los Picos de Europa, visitas de las que surgió su pasión por estos paisajes y su decisión de fotografiar las montañas. Esta serie se puede considerar el origen estético del trabajo que se expone ahora en el Museo Universidad de Navarra, Infinito Artificial, y de otras obras de Maselli.

Su obra está marcada por la representación de la inmensidad de la naturaleza frente a la insignificancia del ser humano, no sin una cierta crítica a la percepción que el hombre tiene de que domina a la naturaleza, cuando en realidad es esta quien ejerce su poder. Al mismo tiempo, en su obra se da una ausencia de la figura humana. Pese a ello, la persona se convierte en protagonista de su fotografía, ya que esta cobra sentido en el momento en que el espectador la contempla, convirtiéndose en parte de ella. De hecho, en alguna de sus obras se marca un punto en primer plano que señala el espacio donde se sitúa el espectador, recurso fuertemente influenciado por El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar Friedrich, uno de su referentes pictóricos, junto a William Turner la Escuela del río Hudson, o el español Carlos de Haes. Entre sus influencias fotográficas puede citarse a Ansel Adams, Robert Weston, Carleton Watkings, Timothy O’Sullivan, la escuela de Dusseldorf, principalmente Axel Hütte, Andreas Gursky y Thomas Struth, o la obra de Javier Vallhonrat. Como ellos, Maselli afronta la representación de una naturaleza heroica y grandiosa, en la que se percibe la admiración por el paisaje, frente a esa imagen aséptica y cuestionada propia del paisaje del siglo XX, y todavía más del XXI. En esta visión; el hombre palidece frente a la inmensidad de la naturaleza, Maselli busca “poner al espectador frente a un espectáculo sublime y sobrecogedor que le haga cuestionarse sobre la conciencia, el universo, las creencias y nuestro propio origen”, lo cual puede más bien entenderse como una reflexión moral y sentimental sobre la naturaleza.

 

Lo Sublime

Hay un concepto central en la obra de Maselli, que constituye el eje vertebrador de su investigación, y no es otro que la búsqueda de lo Sublime, que, como él mismo señala, se vincula al “temor contenido ante la belleza de los paisajes abruptos y la majestuosidad ligada a lo divino”. Mientras realizaba la investigación que daría cuerpo a su serie Infinito artificial, descubrió la obra de Edmund Burke. En ella “examinaba ciertos aspectos físicos de la naturaleza y sus efectos en la mente, que provocan en nosotros un sentido de lo sublime. En mis fotografías me apropié de alguno de estos conceptos para desarrollar mi propia investigación sobre lo sublime. Me concentré en elementos como la majestuosidad, la inmensidad, la oscuridad, y especialmente en un atributo que Burke llama infinito artificial, que consiste en la sucesión y uniformidad de fracciones. En otras palabras, es la repetición de un elemento en una configuración constante e ininterrumpida lo que genera en el espectador un sentimiento de infinito, una de las cualidades de lo sublime”.

Burke no fue el primero en estudiar este concepto de lo Sublime, que ya aparece en una obra anónima del siglo I d. C. que durante mucho tiempo se atribuyó a Longino, Tratado sobre lo sublime. Aquí se aborda este concepto desde el punto de vista de los géneros literarios, la retórica y la gramática, y no del de la estética. En uno de sus capítulos se incluye un análisis de la figura de lo Sublime en relación con la inmensidad del cosmos, aunque vinculado al hombre y no al mundo externo.

En 1756 el británico Edmund Burke retoma esa idea en Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo Sublime y de lo Bello. Burke realiza un análisis empírico de términos estéticos aún sin definir, centrándose en la identificación y diferenciación de lo Bello y lo Sublime, que para él son cualidades que vemos en los objetos de manera reconocible. Burke define así lo Sublime: “la pasión causada por lo grande y lo sublime en la naturaleza, cuando aquellas causas operan más poderosamente, es el asombro, y el asombro es aquel estado del alma, en el que todos su movimientos se suspenden con cierto grado de horror”. Se trata de un temor controlado que atrae al alma, y que está presente en cualidades como la inmensidad, el infinito, el vacío, la soledad o el silencio. Unos años más tarde, en 1764, el filósofo alemán Immanuel Kant analiza estos mismos conceptos en Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime, desarrollándolo posteriormente con mayor profundidad en 1790 en Crítica del Juicio. Para él lo Sublime es “aquello cuyo solo pensamiento da prueba de una facultad del ánimo que excede toda la medida de los sentidos, i.e. una facultad que sea ella misma suprasensible”. Kant diferencia entre lo sublime, que implica una experimentación de sentimientos no explicables a través de la razón; y lo bello, que entiende como sentimientos que se comprenden desde la capacidad intelectual, “lo sublime conmueve, lo bello encanta”.

De esta forma, lo sublime supone la exaltación de los sentidos del espectador, y que este se implique emocionalmente con lo que contempla, lejos de un estado de indiferencia. Se vincula a la capacidad de vivir experiencias sensoriales ante la contemplación de la belleza más profunda, pero en su grado más extremo e irracional, el éxtasis, de tal forma que esa experiencia puede incluso causar dolor ante la dificultad de asimilarla en su plenitud, provocando en el espectador un estado de turbación sensorial excesiva. De esta forma, la experimentación de lo sublime produce las emociones más fuertes que el ánimo es capaz de sentir. Según Burke la naturaleza tiene la capacidad de provocar estados emocionales extremos en el sujeto, removiendo de manera introspectiva su “yo” más profundo, sintiendo en ese instante el éxtasis y la angustia. Y como ya hemos dicho, frente a lo Bello, lo Sublime escapa de los dominios de la razón para entrar de lleno en el mundo de los sentimientos y de los sentidos, de lo irracional.

Tanto para Burke como para Kant uno de los componentes fundamentales de lo sublime, que el segundo liga al concepto que denomina como Sublime terrorífico, se relaciona con sentimientos de horror, melancolía, nostalgia, pesadumbre o soledad, adquiriendo cierto carácter negativo. Para ellos el miedo es un sentimiento irrenunciable si se quiere experimentar lo sublime, por lo que experimentar la soledad se ve como un camino para enfrentarse a este concepto. Y todo ello se entrelaza con la idea de la majestuosidad de la naturaleza frente a la pequeñez del ser humano. Idea que nos hace plantearnos el error de que es el hombre quien domina a la naturaleza, y ver que, en realidad, es al revés. Por ello, para experimentar lo sublime en todo su esplendor, Maselli se enfrenta a la naturaleza en soledad: va siempre solo a la montaña, y en ocasiones pasa una semana sin hablar con nadie.

 

Infinito Artificial

De esta experimentación del concepto de lo Sublime en sus travesías por la montaña nace la serie Infinito Artificial, que, se vincula con anteriores trabajos suyos, como Hierofanías, Tempestades o Anunciación. Esta serie, que se había visto ya parcialmente en Talent Latent de Tarragona o La Kursala de Cádiz, se presenta por primera vez de manera completa en el Museo Universidad de Navarra. Maselli utiliza el formato grande, ya que huye de la sensación de intimidad que se experimenta ante dimensiones más reducidas, y busca un enfrentamiento del espectador con la naturaleza y una pulsión de los sentimientos que desemboque en la percepción de lo sublime. A ello contribuye la utilización del blanco y negro, que le permite abstraer la composición y centrar el objetivo en la percepción sensorial de la inmensidad de la naturaleza.

El protagonista de estas obras es el paisaje montañoso, si bien es cierto que estamos ante vistas irreales, creadas mediante la manipulación digital de diferentes imágenes. Para afrontar este proyecto Maselli tuvo que prepararse físicamente para la escalada en alta montaña y para hacer vivacs, y enfrentarse a “sentir la soledad, miedos y fatiga física de un escalador solitario, así como la emoción de estar rodeado por la gran belleza acompañada del sentimiento de sentirte solo en la naturaleza”, experimentando en su propia carne ese concepto de Sublime aterrador sobre el que teorizaban Burke y Kant. Su acercamiento a la montaña parte de un profundo respeto y admiración, y se produce en travesías realizadas en soledad y silencio, en las que puede estar días sin relacionarse con otro ser humano. Maselli afirma que sentir la emoción de encontrase y sentirse solo frente a la inmensidad de la naturaleza, y experimentar ese sentimiento de lo sublime, supuso para él una catarsis introspectiva que le llevó a conocerse en mayor profundidad.

Las imágenes de Infinito Artificial están protagonizadas por las cordilleras de los Pirineos y los Alpes y, sobre todo, por los glaciares argentinos, menos turísticos y por tanto más adecuados para buscar la soledad necesaria para este proyecto. Maselli realiza sus ascensiones en solitario, lo que a la hora de grabar los vídeos que acompañan a estas imágenes le exige realizar dos veces la escalada: la primera, para colocar la cámara y la segunda, para poder ser capturado. Antes de ello, aborda su trabajo mediante una planificación previa del recorrido a realizar durante la ascensión, documentándose sobre el paisaje que va a recorrer y las diferentes rutas que puede escoger. Una vez elegida la ruta, analiza con detenimiento el recorrido y se plantea las posibles fotografías que puede hacer. Durante la travesía, contempla y experimenta el paisaje de manera introspectiva, a la vez que reflexiona y estudia las tomas y las posibles combinaciones que podrá hacer ellas. A la hora de componerlas puede utilizar imágenes de distintos lugares, pero siempre pertenecientes al mismo macizo y misma cordillera, tomadas desde diferentes ángulos. Posteriormente, en su estudio, utiliza técnicas digitales para componer sus obras y mediante la “fragmentación, repetición, multiplicación y superposición de volúmenes subraya la magnificencia de las cordilleras”. Así, a través de la utilización de este proceso digital y la reiteración de las partes, construye paisajes imaginados en los que intenta lograr el efecto de infinito. En sus obras, Maselli recurre al collage para mostrar una naturaleza inventada, artificial e infinita, fotografiada de manera contemplativa en busca de la empatía del espectador. En ella se representa no solo lo que se ve, sino también lo que se siente. Tal y como él mismo define, Infinito Artificial es “una investigación fo- tográfica sobre el estado estético de lo sublime, representado como un miedo controlado que atrae al alma. Lo sublime suele asociarse a cualidades como la inmensidad, el infinito, el vacío, la soledad o el silencio. En Infinito Artificial utilizo escarpadas cordilleras como la encarnación visual de lo que podríamos llamar “lo sublime aterrador”. Y para conseguir este efecto Maselli trabaja de manera compleja los paisajes mediante la recreación fotográfica digital de los mismos, planteando de esta forma una de las cuestiones claves en la fotografía contemporánea, “la elucidación de los límites entre la realidad y su representación”.

Y es que en ese acercamiento a lo sublime a través de la experimentación en soledad de la majestuosidad de la naturaleza, Maselli se asoma al abismo que produce la infinitud y el vacío, al igual que Caspar Friedrich hacía en sus pinturas. Frente a este, que situaba a un personaje

de espaldas contemplando la inmensidad, en la obra de Maselli se subraya la ausencia del ser humano, que se enfrenta a su propia soledad, a merced de la naturaleza. La ausencia de la figura humana, paradójicamente, convierte al espectador en el protagonista de la fotografía, ya que se sitúa en ese punto focal que ha ocupado Maselli. Desde ahí contempla esa inmensidad, con los diferentes elementos del paisaje como testigos mudos de su presencia, siente su pequeñez, y queda abrumado por la inmensidad de la naturaleza, sintiendo lo sublime. Con esta obra Maselli persigue “dejar al espectador confundido y también impresionado con la magnificencia de la naturaleza”.