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De fe y de ciencia, texto crítico por Julio César Abad Vidal.

La investigación fotográfica en curso de Fernando Maselli constituye un proyecto embargado por una ambición fáustica: un escrutinio visual que, tomando modelos extraordinariamente dispares y extremos, tales como enclaves naturales despoblados y en los que se ha localizado la práctica de cultos en el pasado y el mayor instrumento científico jamás confeccionado, interroga sobre la cohabitación y las fricciones entre la fe y la ilusión científica.

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Entre 2011 y 2013 Maselli se desplazó a diversos parajes naturales del territorio español, desde su extremo meridional, con el Teide (Lanzarote) o el Alto del Garajonay (La Gomera) hasta el septentrional, con diversos enclaves de los Picos de Europa (Pico del Sagrado Corazón) o Pirineos (Macizo de Balaitús), entre otros. Localizaciones, todas ellas, que comparten una única característica, la de haber sido consideradas sagradas por diversas tradiciones cultuales. El conjunto de las imágenes fotográficas que tomó en aquellos lugares forma la serie que tituló, sirviéndose del neologismo acuñado por el investigador del fenómeno religioso Mircea Eliade, Hierofanías. La integridad de las imágenes que integran esta serie carece tanto de presencia humana como de rastros de ella, y transmite un halo de misterio que pretende embarcar al espectador en una penetración moral y sentimental sobre la naturaleza.

 

A continuación, y aprovechando el proceso de acondicionamiento del LHC (Large Hadron Collider o Gran Colisionador de Hadrones) del CERN (Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire u Organización Europea para la Investigación Nuclear), Maselli logró obtener un permiso para fotografiar sus instalaciones, próximas a Ginebra, a lo que procedió en mayo de 2013. Aunque no es el único acelerador de partículas, sus dimensiones hacen del Colisionador de Ginebra el mayor del mundo. Constituido en un titánico túnel circular de veintisiete kilómetros de circunferencia excavado a cien metros bajo tierra, permite el estudio de la colisión de hadrones mediante lo cual los científicos se interrogan en torno a las posibilidades y las certezas de la física tal y como se articula hasta la fecha. El objetivo del LHC es, nada menos, que el de proveer a la física de instrumentos adecuados para conocer la certeza de sus pesquisas, mediante el conocimiento de la generación de las partículas. Del Origen. Su vinculación con lo arcano ha permitido al físico Leon Lederman bautizar al objeto último de su análisis, el descubrimiento del bosón de Higgs, la partícula elemental que jugaría un papel determinante en el proceso por el que se originaría la masa en el universo, como el de la “partícula de Dios”, titulando, precisamente, a su ensayo sobre la cuestión The God Particle (Nueva York, Dell Publishing, 1993).

 

El deseo del fotógrafo de exponer de forma conjunta ambas series puede interrogar al espectador. Si Hierofanías persigue una comprensión de la relación existente entre religión y naturaleza, la mirada a las instalaciones del LHC, se dirige a una cesura aparente que persigue, en cambio, una cohabitación más profunda. La conjunción de estas series explicita un interrogante profundo de quien, como le ocurre a Fernando Maselli, se interesa por cuestiones científicas, asuntos que constituyen el núcleo predilecto de sus lecturas, pese a no haber completado estudios superiores en el campo de las ciencias puras por las que optó en sus años como bachiller.

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La opción de Maselli por la captura de paisajes en los que se han localizado prácticas religiosas en el pasado, en ocasiones muy remoto, se caracteriza por la reivindicación de una experiencia personal no dogmática. Existe, así, un componente romántico de comunión entre el espíritu y la naturaleza que habrá de conducir, muy probablemente, a nuestro fotógrafo a ulteriores desarrollos sobre la categoría estética de lo sublime. Paralelamente, su interés en el conocimiento del Gran Colisionador de Hadrones comparte con la serie de paisajes la vocación de ambos escenarios por la cuestión del origen. Las consideraciones religiosas presentes en el primer caso y las científicas en el segundo, podrían interpretarse como antagónicas, como desafiantes a un hermanamiento, como seguros miembros de una comunión imposible, al igual que ocurre –como gusta de señalar nuestro fotógrafo– con los dos modelos de la física que rigen en la actualidad: la relatividad general y la mecánica cuántica. Pero no lo son para Maselli, quien se ha referido al LHC de la Organización Europea para la Investigación Nuclear como la “unión de gran parte de la comunidad científica para crear un aparato, el más grande construido por el hombre, para tratar de indagar sobre el origen de la materia, llegando a unos niveles de complejidad y abstracción cercanos a un «acto de fe», una fe en el orden del universo”.

 

El carácter asombroso del colosal instrumento científico ginebrino y el objetivo que persigue queda magnificado por su cohabitación con el anhelo espiritual, tendente a lo sublime, de los paisajes que conforman su serie paisajística inmediatamente anterior. Hierofanías plantea a su espectador, entre otros, el interrogante de si es la naturaleza la que provoca un miedo reverencial que intenta apaciguar el hombre a través del culto o si es su majestuosidad y frondosidad, su fertilidad, en definitiva, lo que impele al desarrollo de las prácticas religiosas. Si existe un elemento que se anhela exorcizar u otro, por el contrario, que abriga la esperanza de la comunión. La serie sobre instalaciones científicas, abierta por Maselli en mayo de 2013 en el Gran Colisionador de Hadrones de la Organización Europea para la Investigación Nuclear, nos enfrenta a la posibilidad de que el conocimiento del bosón de Higgs conduzca a la generación de nuevos interrogantes. Y la fotografía de Maselli se dirige vocacionalmente no ya al cuestionamiento de la fidelidad de la fotografía respecto de la realidad, sino a presentarnos espacios en los que la existencia misma se interroga o es inquirida sobre su propio origen.

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